El arte de la permanencia
25 Julio 2012
por Alejandro Güerri
En una esquina de Saavedra, el arquitecto, pintor y muralista Rodolfo Sorondo levanta las persianas de su taller y nos invita a pasar. Afuera queda el ruido de la calle, y adentro Sorondo empieza a tejer la historia de su vida y de su obra, con parsimonia y sencillez. Es el repaso sincero de un hombre que ha recorrido un largo camino: titular de cátedra en Diseño Arquitectónico de la Facultad de Arquitectura (UBA), autor del libro “Arquitectura en zapatillas y Paredes que hablan”, y muralista especializado en la técnica trencadís, donde las imágenes se construyen con azulejos partidos. Sus murales pueden verse, por ejemplo, en las calles de Morón, Barracas, Palermo y Montevideo, y se recomienda hacerlo a distintas distancias para apreciar la composición general y la infinidad de detalles.
CUANTO MÁS DIVERTIDO, MEJOR
Te hago un cuento que es de dónde sale todo esto. Yo cuando empecé a estudiar arquitectura, también era pintor, pero en realidad no sabía bien qué era. Hacía las dos cosas, y con la pintura empecé a tener cierto éxito, exponía en salones… Coincide eso con que le vendí un cuadro a una señora, quien me invitó a su casa a que viera cómo había quedado. Entonces, me muestra qué bien combinaba con los sillones, con lo cual a mí se me vino el alma abajo porque, con la soberbia de mis 22 años, pensaba que estaba haciendo algo muy importante, que un cuadro era una víscera mía y me pegó fuerte. Entonces, dije “esto no va”, porque si una pintura que a mí me costó un mes de trabajo y dolores de cabeza, alguien iba y lo ponía en su living, había algo que estaba mal. En esa época, uno pensaba que “parirás con dolor” era el estigma del creador. Ahora sé que no, sé que cuanto más divertido sea, mejor es. Cuanto más natural sale algo, mejor es el producto. Además me di cuenta de que un cuadro es para pocos y puede estar en cualquier sitio; en cambio, el mural está en un lugar específico, con todos sus mandatos y es para muchos.
MURALES: EL TRENCADÍS Y LA IMAGINERÍA NUESTRA
Entonces, me empecé a preguntar qué era un cuadro: ¿una ventana hacia un interior o participaba de un espacio? Y descubrí que, en ese sentido, los murales eran mucho más sensatos, unido a eso el interés por el espacio que me daba la arquitectura. Y así empecé a hacer murales. Como trabajaba en un estudio y al arquitecto le gustaba lo que yo hacía, me propuso de hacer un mural para un edificio que al final no salió. Después me apasioné con la arquitectura, además me casé y tenía chicos, con lo cual dejé la pintura de lado. Pero siempre fue una asignatura pendiente. Así que un día tuve la necesidad de retomar y empecé a pintar de vuelta, y empecé a investigar de nuevo el tema de los murales, sobre todo desde la arquitectura. Y descubrí todo el tema del trencadís, impulsado por Gaudí y el modernismo catalán, que era una expresión importante de una cultura popular, porque Gaudí no inventa nada en el contexto de su época y en Catalunia. Los verdaderos creadores no inventan nada, sino que condensan y reformulan lo que está en el aire.
EL MATERIAL MÁS NOBLE
Los murales es bueno que permanezcan. Si son pintados, se degradan por el sol, por la mala calidad de los materiales y a los cuatro años no existen más. Entonces, este material vitrio, que yo conocía porque mi primera mujer es ceramista, me pareció fantástico porque dura por siempre. La cerámica es el material más noble.
UNA ACTIVIDAD GRATIFICANTE
En un momento, decidí que hacer murales era una actividad gratificante para mí. Primero, porque volvía a la actividad plástica. Segundo, porque ya estaba un poco cansado de la arquitectura. Y tercero, me permitía trasladar un planteo teórico que yo ya traía. Además yo solo no puedo hacer un mural, porque es un trabajo gigante y eso te obliga a trabajar en equipo.
PING-PONG Rodolfo Sorondo
¿Un color?
Amarillo
¿Una canción?
“Zamba de abril”, del Chango Rodríguez.
¿Una película?
La Strada, de Federico Fellini.
¿Un arquitecto?
Oscar Niemeyer.
¿Un lugar en el mundo?
Las sierras de San Luis.
¿Un museo/galería?
El Museo Sívori.
¿Un objeto preferido de diseño?
El mate galleta.
Rodolfo Sorondo
Arquitecto, pintor y muralista
www.sorondorodolfo.blogspot.com.ar











